Palpita la belleza a nuestro alrededor. Nos envuelve en transparentes vestiduras, nos arroba con sus cantos y aromas, nos habla en silencio desde el ayer; nos inspira, nos persuade a proseguir en el camino.
Sin edad, sin exclusividad de formas se nos anuncia y presenta: con nubial figura nos seduce, nos invita a perpetuar la vida. Con voz prudente y sabia nos guía desde la añejada e incondicional lealtad de nuestros padres.
Fluye y refluye en la luz de un justo ideal, en el desinteresado altruismo, en la comunión del trabajo honesto, en la hermandad alegre o dolorosa, en las doradas victorias libradas contra la ignorancia y el fanatismo irracional, en el estrechón sincero de los amigos, en la sabia ingeniería del perdón reconstruyendo puentes de humanismo.
Belleza es también, contemplar la germinal inocencia de una vida que amanece, o la resignación valerosa del que marchándose, se queda para siempre a vivir entre nosotros.
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