A pesar de la antigüedad y recurrencia del fenómeno, existen aún personas que ponen en duda la realidad de la asombrosa lluvia de peces que acontece casi año tras año, en la región Atlántica de Honduras, específicamente en el departamento de Yoro, ubicado a unos 200 kilómetros del océano Atlántico. Dato este, que conviene tener en cuenta por la teoría de ciertos estudiosos del fenómeno, que atribuyen el mismo a posibles trombas marinas que recogiendo del mar los peces, los arrojaría a dicha zona al disiparse las nubes en lluvia. Lo extraño y cuestionable de esta hipótesis es que la maravillosa situación se presenta exclusivamente en la misma pequeña franja territorial.
Otros teóricos argueyen la existencia de alguna corriente acuática subterránea, que al darse las lluvias torrenciales de mayo a julio, expulsa a la superficie los misteriosos peces. Esta lógica explicación ha quedado descartada, gracias a las tomas fotográficas que la misma población ha logrado capturar esta vez, en las que se observa con claridad indiscutible los peces cayendo desde el cielo.
Fuera de las anteriores y racionales explicaciones, existe también la visión mítica de algunos pobladores de dicha región, que sin mayores esfuerzos analíticos, ven en el fenómeno, la continuidad de un milagro divino, que viene ocurriendo desde hace más de 150 años, gracias a la intermediación de un español al que muchos yoreños daban por santo. Trátase del sacerdote católico, Jesús de Subirana, un tenaz defensor de los derechos de los indígenas de aquella región, en la que vivió desde 1856 a 1864. Los relatos orales que aún perviven, aseguran que el Padre Subirana, viendo la pobreza que padecían los habitantes, imploró al cielo durante tres días y tres noches, para que socorriera con un milagro a su gente.
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