Las personas son como los libros. En cada una de ellas hay lecciones que conviene conocer, y no porque sean éstas siempre aplicables a nuestra propia realidad.
No juzguéis a las personas por su apariencia ni a un libro por su carátula. Acercaos al interior de ellos sin prejuicios y conoceréis su real valor.
No sobreestimes ni menosprecies a nada ni a nadie por sus títulos y apariencias. Las envolturas no siempre congenian con su contenido.
El vacío interior no se llena luciendo abundantes sortijas, ni siempre la humildad va vestida de harapos.
Pocos son los libros que leemos de principio a fin, y son menos aún, los que por su valía, ameritan relectura.
Un buen amigo es como un buen libro. Podemos acudir a ellos en completa confidencia para refrescar lo vivido y diagramar nuevas rutas.

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