M. A. L. Z.
No seré quien corte las alas de la imaginación creativa a los niños. Pero, jamás les inculcaré fantasías irrealizables, por más consabidas o inocuas que estas sean.
Siendo congruente con lo dicho, pediré a mis pequeñines que, durante los últimos días del año, sigan llamándome papá, pero, que en vez de Marco me digan Noel. De tal manera, podrán emprender cuántas veces deseen sus altos vuelos navideños y retornar sin mayores percances, a la pista terrenal, dónde los sueños se corporizan y el armazón de cal y canto aprende a elevarse con esfuerzo y dirección propia.
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