(M. A. L. Z. )
Las oigo caer tozuda y rudamente.
A veces, la carne viva amortigua su impacto y ahoga su voz. Otras, el hueso reciente y responde con su calcáreo lamento.
Cada vez serán más, lo sé. Y saberlo me libra del dolor acentuado por la sorpresa.
Mientras la suma continúa piedra a piedra, golpe a golpe; intentaré y reinventaré alegrías, hasta que cruja y se quiebre el mismo fiel de la balanza. Para entonces, no los veré, pero desde el más acá los veo lanzando flores sobre mis despojos.
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