M. A. L. Z.
Cuando amamos intensamente, nos esmeramos en manifestarle ese sentimiento al ser amado, valiéndonos de cuantas facultades y recursos hay a nuestro alcance: arrullándole, mimándole, cuidándole como a nosotros mismos, proveyéndole lo necesario y, a veces, sublimando el afecto, obsequiamos algún presente, llevamos flores, y serenatas, escribimos un poema o improvisamos un canto...
El amor se cimenta en las manifestaciones espontáneas e instintivas vinculadas a la entrega recíproca y se profundiza en busca de perfección, dando sin esperar nada a cambio; como ama el niño a su viejo abuelo, como el intenso amor de madre que perdona y da todo por el hijo criminal, como ama y defiende, abarcadoramente, el verdadero patriota, al pueblo que sufre las inclemencias de la injusticia.
Cobijados de ese infinito amor, nadamos como insignificantes peces, que nunca alcanzarán a comprender el amor hecho océano en que viven, quizá, sin mayor mérito, que ser hijos de la eterna fuente que por amor, todo lo crea, transforma y recrea. De ella provenimos. Gotas somos que en vaporoso espíritu retornaremos a nuestro orígen.
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