domingo, 10 de mayo de 2015

Los Enterradores

Los enterradores.

Sabían muy bien que la magnitud del delito cometido era tal, que por más secreto y hondo que estuviera enterrado, la pestilencia saldría a flote. Anticipándose a ese momento, al amparo de sus habituales violaciones dictatoriales, decretaron la ley mordaza. Así, pensaron ellos, por más repugnante y envolvente que resulte el hedor, la gente se lo tendrá que tragar a regañadientes. Además-  sentenció el alfa de la jauría, mientras un sobalevas le limpiaba las últimas manchas de su traje, no se olviden de la sabia máxima de Beto Reyna: a los periodistas se les paga o se les pega.  Rieguen entonces, mucho maíz entre los más gritones y por si acaso, vayan seleccionando a un par de desbocados para darles  jaque mate en el momento preciso. Ya verán ustedes -continuó diciendo al mismo tiempo que un par de sus asistentes lo embadurnaban con aromáticas  cremas y saturaban de perfume su oscuro traje, cada vez más inocuo-, que todo pasará sin que nada nos pase.

Con paso ligero y esbozando la sonrisa número 5 de su catálogo de farsas, llegó hasta el salón de prensa, desplegó algunas hojas escritas y comenzó la perorata sobre su nueva propuesta de seguridad social.

Marco Aurelio Laínez Z. 

sábado, 25 de abril de 2015

Entre el fuego cruzado.


Marco Aurelio Laínez Z 

Hubo siempre en el patio hogareño un pequeño jardín, auténtico reducto primaveral, desafiante airoso de la apabullante aridez del horizonte, que  con aliento de hoguera imponía  el más hostil de los veranos.

Cada mañana, cada tarde, con vocación de alquimista natural, se internaba mi madre en aquel arco iris tridimensional, y con acuciosa mirada, iba examinando planta por planta, flor por flor. Llevaba consigo un variado arsenal de arrullos y caricias, y por supuesto, el hidratante saludo de la llovizna  amorosa que descendía desde una vieja regadera de metal. 

A fuerza de asistirla en sus labores de jardinería,  descubrí un  día,  la silenciosa contienda que existía entre mi madre y su plantación. No fui el único testigo presencial del raro conflicto, sobre aquella tentación de enervantes aromas y hermosos colores, revoloteaban curiosas mariposas, laboriosas  abejas, llamativas mariquitas, temerosos caracoles,  y muy de vez en cuando, algún colibrí de relampagueante aleteo tornasol. 

Cada vez que mi madre descubría un nuevo brote o un capullo asomándose a la vida, en acto reflejo, florecía también en su boca la alegría. 

No sé aún desde cual de los dos bandos emergió la agresión desencadenante, sé tan sólo, que ninguna bandera de paz, ningún armisticio puso fin al fuego cruzado de sonrisas en flor y de flores a sonrisas.

martes, 14 de abril de 2015

Amanecer

Amanecer,
es recuperar día a día
el sol de nuestra conciencia,
para reemprender  el viaje,
antes que caiga el inexorable
y oscuro telón. 

viernes, 27 de marzo de 2015

Luciérnaga Libertaria.

(Marco Aurelio Laínez Z. )
A una inocente mártir hondureña.


Bien sabías, 
mi amada niña,
que la bestia no era un cuento.
Y te fuiste por ahí, 
cantando verdades,
deshojando esperanzas, 
exigiendo empapelillados derechos.

Y tras tus nimios pasos, 
fueron también las cuadrúpedas huellas,
los humeantes hocicos
y el jadeo halitoso
de la bestial manada.

Tan fácil era rastrear el aroma inconfundible de tu heroísmo 
y el desafío primaveral de tus sueños.

Más fácil aún, 
para las noctámbulas pupilas,
perseguir entre la persistente y artificial noche,
tu vuelo de luciérnaga libertaria.

Y entre zarpazo y zarpazo,
desfalleció por un momento
tu luminoso e indestructible nombre.

martes, 10 de febrero de 2015

Gratitud

(Marco Aurelio Laínez Zelaya )

"Sentir gratitud y no expresarla, es como envolver un regalo y no darlo"
William Arthur Ward

Los elogios sinceros son escasos y valiosos como el oro. Dan seguridad y reconfortan el ánimo de quien los recibe y enriquecen  el espíritu del que provienen.

Por su propio peso y solidez, la palabra sincera, sin requiebros ni  falsetes, esquivando superficiales protagonismos, emerge vibrante y genuina para alojarse en la esencia misma de quien la recibe.

Nunca el frío resplandor de la adulación podrá competir con el cálido brillo de un enunciado franco y bien intencionado. Más temprano que tarde, la sombra acusadora de los intereses resalta sobre el artificioso y efímero fulgor de la lisonja esmeradamente calculada.

Expresa sin ambages tu gratitud a cuantos  te aman, a los que bien te sirven y a quienes de buena voluntad procuran evitarte un mal.

Agradece sin rencores a los que públicamente te critican y no confíes ciegamente en elogios privados.

Recibe todo cumplido con humildad, sin embargo, mientras actúes con justicia y corrección, no esperes más reconocimiento que la satisfecha voz de tu propia conciencia.

Mi sostenido amor

De pronto, 
entre el caprichoso cromatismo del Re y el Do,
dictatorial y armónica, 
exquisita y seductora 
Llueve  sobre mi RecuerDo 
la vibrante tonalidad de tu nombre.

Gota a gota,
Nota a nota,
Voy poblando
contigo mi silencio.

Es tu nombre,
la redoblante razón de Mi canto,
arpegio mayor, 
Que sonando y
Re-sonan-Do, 
ensaya en Mí, 
con exclusividad patentada,
sus caprichosas pausas  y bemoles.

Y  en Mi sostenido esfuerzo 
Por hacerte feliz,  
voy in crecendo proclamando 
La refinada alegría de amarte.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Los besos del agua.

Llueve copiosamente, para nuestra fortuna, no a cántaros ni a congeladas pedradas -¿quién soportar podría una agresión de este tipo?-, de darse algo así, se alteraría catastròficamente el sabio ordenamiento del sistema que preserva la vida del planeta.

Llueve con ternura despiadada, gota a gota, cariñosa y compasivamente.

La señora lluvia, llegó sin anunciarse, sin el fulgor intermitente de su mirada, sin el estruendo imponente de su voz, sin enmascarar, siquiera, la plenitud del horizonte. A medio sol,  a media sombra, cayó pausada y repentina sobre las sedientas superficies; y con sus redondos e infinitos dedos, dejó escuchar sobre los tejados la sinfónica tristeza de su canto