Las personas son como los libros. En cada una de ellas hay lecciones que conviene conocer, y no porque sean éstas siempre aplicables a nuestra propia realidad.
No juzguéis a las personas por su apariencia ni a un libro por su carátula. Acercaos al interior de ellos sin prejuicios y conoceréis su real valor.
No sobreestimes ni menosprecies a nada ni a nadie por sus títulos y apariencias. Las envolturas no siempre congenian con su contenido.
El vacío interior no se llena luciendo abundantes sortijas, ni siempre la humildad va vestida de harapos.
Pocos son los libros que leemos de principio a fin, y son menos aún, los que por su valía, ameritan relectura.
Un buen amigo es como un buen libro. Podemos acudir a ellos en completa confidencia para refrescar lo vivido y diagramar nuevas rutas.
Opinar libremente, compartir poesía, cuentos y reflexiones constructivas, es el propósito de este blog .
domingo, 18 de junio de 2017
domingo, 11 de junio de 2017
Bitácora
(Marco Aurelio Laínez Zelaya)
No sé que decir, si los llevo conmigo o me llevan con ellos. Sé tan sólo, que viajamos alternándonos el mando. Hablo a veces con voz propia y dirijo; pero también, muy de vez en cuando callo, escucho y obedezco.
Dando un vistazo al camino recorrido, reconozco aciertos y fallas cometidas. Cada uno ha tenido sus temporales apogeos, sus roles protagónicos, sus momentos de destellos salvadores y de opacidades peligrosas.
En este barco, cada tripulante lleva brújula propia y un norte en el centro de sus intereses. Remar así, es contraponer esfuerzos creando turbulencias que nos obligan a movernos en círculos. A veces, las mismas tempestades con sus portentosos empujes se tornan benignas, al romper la fuerza centrípeta que en tiempos de calma paraliza nuestra nave.
No sé hasta donde lograremos avanzar. La nave se vuelve cada día más vulnerable: raído su velamen, desgastado su andamiaje; gime y cruje su madera envejecida; reposan con más frecuencia los marineros y sus remos.
Los momentos de tranquilidad y calma se prolongan más de lo habitual, como infalible presagio de una paz mayor e imperturbable.
No sé que decir, si los llevo conmigo o me llevan con ellos. Sé tan sólo, que viajamos alternándonos el mando. Hablo a veces con voz propia y dirijo; pero también, muy de vez en cuando callo, escucho y obedezco.
Dando un vistazo al camino recorrido, reconozco aciertos y fallas cometidas. Cada uno ha tenido sus temporales apogeos, sus roles protagónicos, sus momentos de destellos salvadores y de opacidades peligrosas.
En este barco, cada tripulante lleva brújula propia y un norte en el centro de sus intereses. Remar así, es contraponer esfuerzos creando turbulencias que nos obligan a movernos en círculos. A veces, las mismas tempestades con sus portentosos empujes se tornan benignas, al romper la fuerza centrípeta que en tiempos de calma paraliza nuestra nave.
No sé hasta donde lograremos avanzar. La nave se vuelve cada día más vulnerable: raído su velamen, desgastado su andamiaje; gime y cruje su madera envejecida; reposan con más frecuencia los marineros y sus remos.
Los momentos de tranquilidad y calma se prolongan más de lo habitual, como infalible presagio de una paz mayor e imperturbable.
sábado, 10 de junio de 2017
A veces, a besos.
(Marco Aurelio Laínez Zelaya)
A veces,
algunos besos hablan con pasión desenfrenada.
Aves somos a veces
de engañoso plumaje.
A besos,
algunas veces,
habla de pureza el corazón enamorado.
A besos,
a veces;
el abc escribimos del verdadero amor.
A veces,
algunos besos hablan con pasión desenfrenada.
Aves somos a veces
de engañoso plumaje.
A besos,
algunas veces,
habla de pureza el corazón enamorado.
A besos,
a veces;
el abc escribimos del verdadero amor.
viernes, 2 de junio de 2017
La búsqueda
(Marco Aurelio Laínez Zelaya
Aún me asalta el desconcierto al descubrirme haciendo trivialidades, y lo peor de todo, cayendo en la inconsciencia de participar en inútiles competencias. No pocas veces la rienda interior ha sofrenado mis ímpetus, cerca ya de tomar la delantera. La calma llega entonces, y desde una orilla, viendo pasar la arrolladora muchedumbre, me pregunto: ¿hacía dónde se dirigen tan desbocadamente? ¿qué ganan ganando lo que ganan? Luego, la misteriosa rienda redirecciona mis sentidos, obligándome a escuchar con claridad las preguntas de siempre: ¿quien eres?
¿qué haces acá? ¿que rumbo llevas? Un tanto aturdido, pero serenamente, me interno en contracorriente.
Aún me asalta el desconcierto al descubrirme haciendo trivialidades, y lo peor de todo, cayendo en la inconsciencia de participar en inútiles competencias. No pocas veces la rienda interior ha sofrenado mis ímpetus, cerca ya de tomar la delantera. La calma llega entonces, y desde una orilla, viendo pasar la arrolladora muchedumbre, me pregunto: ¿hacía dónde se dirigen tan desbocadamente? ¿qué ganan ganando lo que ganan? Luego, la misteriosa rienda redirecciona mis sentidos, obligándome a escuchar con claridad las preguntas de siempre: ¿quien eres?
¿qué haces acá? ¿que rumbo llevas? Un tanto aturdido, pero serenamente, me interno en contracorriente.
domingo, 21 de mayo de 2017
Miami, la equidistante.
(Marco Aurelio Laínez Zelaya)
Miami, como toda urbe moderna, posée ventanas de transparencias casi imposibles, desde las cuales se atisba algo del futuro. Es decir, de un presente tan distante, tocando a lo prohibitivo o inaccesible para el mundo subdesarrollado.
Miami, tiene también sus terrenales avenidas cuajadas de pobreza, mugrientos tálamos de cemento salpicados de mendicidad.
De un paso a otro, una calle cualquiera se convierte en punto equidistante entre los repentinos contrastes de un ayer casi olvidado y un mañana que casi arriba. Ni el más extravagante Lamborghini perturba con sus rugidos al camión del frutero; mientras el delicado y exacto tic tac del reloj atómico, se declara incapaz de silenciar al respondón anuncio de los gallos, en madrugada plena del north west maimense.
Miami, como toda urbe moderna, posée ventanas de transparencias casi imposibles, desde las cuales se atisba algo del futuro. Es decir, de un presente tan distante, tocando a lo prohibitivo o inaccesible para el mundo subdesarrollado.
Miami, tiene también sus terrenales avenidas cuajadas de pobreza, mugrientos tálamos de cemento salpicados de mendicidad.
De un paso a otro, una calle cualquiera se convierte en punto equidistante entre los repentinos contrastes de un ayer casi olvidado y un mañana que casi arriba. Ni el más extravagante Lamborghini perturba con sus rugidos al camión del frutero; mientras el delicado y exacto tic tac del reloj atómico, se declara incapaz de silenciar al respondón anuncio de los gallos, en madrugada plena del north west maimense.
sábado, 8 de abril de 2017
Niñez y esperanza humana.
Que los niños son la esperanza de la humanidad, no me cabe duda alguna. Y no es tanto por su impredecible mañana, sino más bien, por las acciones y sacrificios que somos capaces de asumir por su bien, que va indisolublemente ligado al bienestar de todos.
Marco Aurelio Laínez Z.
Marco Aurelio Laínez Z.
domingo, 2 de abril de 2017
Mirada infantil
Quien permanece indiferente ante la profunda e inocente mirada de un niño, o le falta ascender un peldaño importante, o lo ha descendido en la escala de la naturaleza humana.
Marco Aurelio Laínez Zelaya
Marco Aurelio Laínez Zelaya
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