domingo, 31 de julio de 2016

Invocando al verano

Cientos o quizá miles de pajarillos  -tantos que es imposible captarlos en una sola toma fotográfica- acostumbran pasar la noche sobre estos cables.

 Alguna poderosa razón los trae hasta acá: ¿ánimo gregario, abundancia alimenticia,  espacio seguro, o qué? No lo sé,  ni siquiera sé a qué especie pertenecen. Sospecho que puede tratarse de golondrinas.  De ser así,  y siendo tan numerosa su parvada, valiéndome de una descabellada explicación diría que, están reunidas en devota invocación al verano, porque como nosotros,  saben a ciencia cierta que una sola golondrina no sería capaz de hacer llegar ni sostener al verano.

martes, 3 de mayo de 2016

El Diablito del amor.


Entre un aparente caos de imágenes y colores, Cecilia B. Lagunas y su arte, nos propone una sujetiva visión sobre el más bello y poderoso de los sentimientos humanos: el amor. A través de su pintura , El diablito del amor, saturada de imágenes distorsionadas y caprichosas tonalidades, deja claramente establecida la complejidad inaprehensible de dicho concepto.

Tildar de diablito al amor, implica de entrada, reconocerle a éste un poder cuasi sobrenatural, que ejercido sobre nosotros, nos obliga a cumplir gustosamente, la que talvez sea, la más importante misión de nuestra existencia : preservar y renovar la misteriosa flama de la vida.

Por la magia del pincel y la acuarela, el mítico personaje aparece en el recuadro aún más diminutizado, sin alas, sin cuernos, sin pezuñas ni rabo; reducido a un simple humanoide del plano terrenal.

Rendida y por el suelo yace su espada.
Vencido fue en la batalla por conservar sus facultades sobrenaturales. Acude entonces, a dos secretos y poderosos arsenales : el placer y el dolor. Las municiones parecen inagotables en cada uno de los dos depósitos. Todos, sin embargo, apuntan al mismo objetivo : preservar y multiplicar la vida.
Todo placer es una recompensa recibida por cada tarea realizada para mantenernos vivos. Todo dolor o desagrado, es un castigo o una advertencia que nos ordena distanciarnos de la muerte.

Por obra y gracia del diablito o el angelito del amor, la batalla decisiva para escalar la gloria o hundirse en el anonimato eterno, habrá de librarse en la mente y el cuerpo humano; con empellones o con abrazos, a pedradas o a versos.


miércoles, 20 de abril de 2016

Para contarla vivió.

Toda lucha contra las miserias y las penurias de la vida me conmueve. No sé que pesará más en mí. ¿Será acaso  inclinación solidaria con el dolor ajeno, o es tan sólo el callado empuje de propias y calladas remembranzas y recriminaciones?  No me faltan lógicas respuestas,  más no por ello, doy por cerrado mi particular debate. Lo que si sé a ciencia cierta, es que ante un relato como el que a continuación cito, me resulta difícil cerrarle el paso a una lágrima.

Vivir para contarla.
Capítulo 3
(Fragmento)

Nunca compartí la versión maligna de que la paciencia con que mi padre manejaba la pobreza tenía mucho de irresponsable. Al contrario: creo que eran pruebas homéricas de una complicidad que nunca falló entre él y su esposa, y que les permitía mantener el aliento hasta el borde del precipicio. Él sabía que ella manejaba el pánico aun mejor que la desesperación, y que éste fue el secreto de nuestra supervivencia. Lo que quizás no pensó es que a él le aliviaba las penas mientras que ella iba dejando en el camino lo mejor de su vida. Nunca pudimos entender la razón de sus viajes. De pronto, como solía ocurrir, nos despertaron un sábado a medianoche para llevarnos a la agencia local de un campamento petrolero del Catatumbo, donde nos esperaba una llamada de mi padre por radioteléfono. Nunca olvidaré a mi madre bañada en llanto, en una conversación embrollada por la técnica.
-Ay, Gabriel -dijo mi madre-, mira cómo me has dejado con este cuadro de hijos, que varias veces hemos llegado a no comer.
Él le respondió con la mala noticia de que tenía el hígado hinchado. Le sucedía a menudo, pero mi madre no lo tomaba muy en serio porque alguna vez lo usó para ocultar sus perrerías.
-Eso siempre te pasa cuando te portas mal -le dijo en broma.
Hablaba viendo el micrófono como si papá estuviera ahí y al final se aturdió tratando de mandarle un beso, y besó el micrófono. Ella misma no pudo con sus carcajadas, y nunca logró contar el cuento completo porque terminaba bañada en lágrimas de risa. Sin embargo, aquel día permaneció absorta y por fin dijo en la mesa como hablando para nadie:
Le noté a Gabriel algo raro en la voz.

lunes, 18 de abril de 2016

Un primor de primo.

El caballero de manga larga, es José Leandro, un trotamundos, enemigo acérrimo del sedentarismo y la indiferencia paralizante. En su batallar por arrancarle a cada día el sustento diario para si mismo y su prole, ha recorrido los más remotos rincones de Honduras. Cuando en la patria se le han cerrado las puertas, ha salido sin dudar y sin temor a otras tierras desconocidas. En sus andanzas, se ha cruzado por Gran Caimán y otras islas caribeñas, ha entrado y salido por más de tres ocasiones a los EE UU.
Canada no ha escapado a su curiosidad.

En sus repetidos periplos por el norte, se ha visto ocasionalmente en la necesidad de hacer prolongadas estaciones intermedias en Guatemala o México. Hace unos seis años, lo visité cuando él residía en Charlote, Carolina del Norte. La foto adjunta, fue tomada, precisamente,  en dicha oportunidad. Un año más tarde, me sorprendió su llamada telefónica desde el otro lado del Atlántico. Un tanto decepcionado, me contó sus aventuras migratorias por España: la cosa no está tan buena por acá, primo -me decía-, se gana un poco menos que en los USA, es más difícil conseguir empleo y muy delicado y penado manejar sin licencia de conducir; si logró economizar unos centavos para saldar deudas, me regresaré pronto a Honduras.

Hace ya unos tres meses que le he perdido el rastro, pero el grato aroma de su aprecio sincero me acompaña siempre. Un día cualquiera, escucharé de nuevo su voz, y este punto final, se convertirá en punto y seguido.

viernes, 15 de abril de 2016

Balancing the world

Pintura (disponibile ) de Edgar Zamora Paintings.

La interpretación de una obra de arte es múltiple y dúctil, coforme a la visión de quienes procuramos asimilar su significado. Por tal motivo y con legítimo derecho, partiendo del título e imágen misma de esta impactante obra de Edgar Zamora, al contemplarla, no puedo dejar de pensar en el crítico momento por el atraviesa nuestro planeta y la humanidad. A pesar de la constante lucha de la madre naturaleza por mantener el equilibrio de las fuerzas que dan sustento al delicado sistema viviente, el balance parece tornarse cada vez menos sostenible.  Dos pechos, uno a la izquierda y otro a la derecha, no le bastan ya, para saciar el consumismo aniquilante de las poderosas élites; llena de compasión por el hambre de sus más  desposeídos hijos, ha hecho brotar en la parte baja de su torax, una tercera fuente nutricia, orientada a los más hambrientos,  los olvidados de abajo.

En rúnica pose, la terra madre, eleva su mirada, pidiendo piedad y compasión  para su destructiva prole

domingo, 20 de marzo de 2016

Mujer Violeta

Marco Aurelio Laínez Zelaya

La encontré esta mañana, humedecida aún por el rocío, luciendo su delicado traje violeta, tan contrastante entre el verdor de la bueneza -no encuentro razón para calificar de malo lo que bien se ha hecho-.

Desconozco su nombre verdadero, nadie puede presumir de saberlo. Todo nombre no es más que un caprichoso denominativo  popularizado. Y para caprichos, me basto con los míos. Siendo esto así, la llamaré Mujer Voileta, por el color de su traje y por la estrella de cinco picos -verdadero diagrama del cuerpo humano-,  que exhibe en la cara interna de sus pétalos.

Contemplándola, tan hermosa pero insignificante, me atreví a preguntarle: el  por qué de su existencia.  ¿Por qué te esmeras -le dije-, en lucir tanto esplendor, si es tan breve tu vida y son tan ignorados e ignorantes los seres entre los que habitas?  Por supuesto, no me dijo nada. Al menos eso creí inicialmente, pero acallando mi necio parloteo y afinando mis toscos  sentidos, me extasié por un momento  contemplando su colorida humildad; y desde su imperturbable silencio logré por fin percibir sus susurros, devolviéndome  las mismas  interrogantes.

viernes, 18 de marzo de 2016

En Veda.

Marco Aurelio Laínez Z.



En veda estoy (contra mí mismo).
Perentoriamente prohibidos quedan:
los saludos calcados,
las sonrisas espejo
y el rancio olor de la rutina
con sus automatizados visajes.

Cansa la costumbre,
pesa el tedio.

No llames,
no toques a la puerta.
Estoy de viaje.
He salido a explorar la incertidumbre,
en busa estoy de mí mismo.