M. A. L. Z.
La sabiduria del amor, más que en el sujeto amado, radica en el ser que ama.
Ni la excelsa belleza ni la virtud extrema pueden conmover y hacer vibrar a un espíritu insencible, atrofiado por la ignorancia, el egoísmo y la falta de valores e ideales de justicia.
La luz con su poderío y sus colores, el aire con su hálito de vida, el agua y su vital transcurrir, la tierra y su ubérrimo abrazo; brindan sin saberlo, amor verdadero e incondicional. Ay de aquel que inmerso entre tanta magnificencia y sin reconocer su perecedera y dependiente nimiedad, cierra los ojos al amor infinito manifestado en la creación de la que forma parte y a la que debe agradecer, respetar y cuidar con todo celo.
Amar, es batallar desinteresadamente y sin descanso contra tus propias imperfecciones y unir lo mejor de tus esfuerzos en la construcción de un mundo de amor, es decir; con justicia para todos.
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