De apoco, comprendí cuán necesario es aprender a descreer, como cimiento indispensable para luego saber en que creer.
Incrédulo podrían llamarte los que nunca se atreven a empuñar en sus manos las mágicas llaves de la duda. ¡Vaya señalamiento tan rayano! Si a decir verdad, no existe un solo individuo vacío de creencias. Hay tan solo, credulidades diferentes.
La seguridad con que te aferras a tu dios, puede ser tan ficticia y errónea, como la del que es incapaz de admitir una verdad inaprensible para su ignorancia.
Miami, 7:21 a.m. 15-04-2024
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