M. A. L. Z.
Sin motivo aparente me invadió el deseo de llorar.
Qué extraño presentimiento nada en estas repentinas lágrimas.
Será acaso el dosificado arribo de un gran dolor que de otra manera, con su brusca embestida arrasaría todos los diques de mi vida.
Será, quizá; el asomo secreto del agradecimiento que despierta en mí, viendo a mis pequeños avanzar por sus propios rumbos, no exentos de dudas y errores, pero; prestos siempre a levantarse y celebrar con entusiasmo sus pequeños aciertos.
Podría ser, más bien; el vacío aparente que dejaron mis padres, hermanos y amigos; inalcanzables, ya; a mis palabras y al calor de mis abrazos.
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