Un proceso en pañales: De simples loros computarizados a seres conscientes de su rol individual y colectivo.
M. A. L. Z.
El acceso al conocimiento es hoy, afortunadamente, más fácil que tomar un baño o que prepararse un platillo de aperitivos. Un joven o hasta un niño moderno puede acumular hoy, si se lo propusuciera, igual o más conocimientos teóricos que cualquier universitario de hace treinta años. Pero, la sóla acumulación de información, por fiale y acertada que sea, no basta para convertir a un individuo en una persona sabia. Hace falta agregar al conocimiento, una fuerte dósis de capacidad analítica para comprender el porqué de lo ocurrido o dejado de ocurrir, el efecto del pasado en el presente, determinando los probables rumbos que tomará cada situación. Sin embargo, la máxima expresión de sabiduría no se estanca en la comprensión de lo acaecido y el claro planteamiento de potenciales escenarios, lo más importante de todo descansa en hacer uso del conocimiento adquirido para asumir objetivos y responsabilidades conducentes a la transformación de la realidad.
Como si fuera menuda cosa lo antes planteado, la sabiduría no se adquiere ni se ejerce de manera aislada, si no; en la intereación constante con los otros y nuestro entorno.
La sabiduría comprende además, el auto conocimiento, el autocontrol y la madurez emocional.
Para el sabio no existen fórmulas inmutables. Cada hecho exige la ponderación de una gran cantidad de variables intervinientes: tiempo, circunstancias, vínculos, prioridades, efectos directos e indirectos, recursos y capacidades disponibles, etc, etc.
Ante las grandes decisiones personales, familiares y sociales, es indispensable actuar con humildad y tener en cuenta la opinión prudente de personas maduras y sobre todo, justas. Y éstas, no son unicamente las de carne y hueso con las que nos encontramos a diario, son también, y todavía más útiles, las que nos hablan desde sus trasnochadas lecciones plasmadas en algún viejo libro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario